
Por Irene Ballatore*
La muerte de Gabriel Isaías Gareca -mordido por un perro rabioso- sacude a la opinión pública y como siempre pasa en Jujuy, los intentos por transferir culpas se convierten en la primera cuestión, pasando a segundo o ningún plano el debate de fondo sobre las políticas para evitar los hechos que se lamentan.
También como siempre pasa, los operativos de desinformación toman posesión inmediatamente de la agenda mediática y entonces es posible escuchar cualquier cosa. Pero cualquier cosa. Primero fueron los esbirros del Gobierno de Barrionuevo que sin ninguna compasión por el sufrimiento de la familia Gareca, quisieron imponer la idea que la causa de la tragedia fue la irresponsabilidad de los padres, que no llevaron al pequeño a controles posteriores a la mordedura ni le hicieron aplicar las vacunas (por ahí alguien dijo que sólo le pusieron algunas dosis y no todas las necesarias) y que no pusieron al perro en observación.
Las conclusiones de la investigación sobre la actuación de la estructura de salud en el caso -anunciada por el ministro de Salud Víctor Urbani- todavía no se conocen. Pero antes que muriera el niño ya había quienes -funcionarios y comunicadores- ladraban contra la familia, poniendo a las víctimas en el banquillo de los acusados.
Después vino el sofisma según el cual la culpa de que haya tantos perros en la calle y por tanto rabia, “es de todos”. En buen romance: todos, aún los que ni siquiera tienen perros o los tienen bien guardados en sus casas, son culpables de que haya muerto Gabriel Isaías Gareca.
Todos somos culpables de que en la última década -por lo menos- no hayan habido las vacunaciones necesarias, que el control de la población canina haya sido una política sin la consideración que corresponde durante varias gestiones municipales y provinciales y que las paupérrimas campañas de concientización dirigidas a los vecinos para que saquen los perros de la calle, han sido y son un rotundo fracaso.
Todos somos culpables que el estado provincial se haya desentendido de la prevención de la rabia, como también de que los intendentes no hayan escuchado las advertencias de los técnicos en cuanto a la urgente necesidad de fortalecer los servicios de castraciones y sacar a la Perrera, aunque fuera una medida nada “popular” y supuestamente “pianta votos”.
Todos los jujeños tenemos la culpa que las cuantiosas inversiones en publicidad del estado provincial y municipal en la última década, nunca se hayan destinado a una campaña de difusión verdaderamente masiva para mostrarles a los vecinos los peligros de tener los perros sueltos o abandonarlos en la calle.
Los sostenedores de la teoría del “todos tenemos la culpa” se contentan con decir que la raíz del problema es la gente que no toma conciencia del problema, pero no se los escucha advertir que en los contenidos educativos que se imparten a los chicos, el tema de la rabia no está previsto con carácter de obligatorio y que en consecuencia, nuestros niños reciben muy poca o nada información sobre el tema.
¿Todos somos culpables?
En un escalón más del patetismo en que se mueve la clase política jujeña, ahora el “gran debate” es si el culpable de la situación horrorosa que vivimos es el ex intendente José Luis Martiarena o del actual jefe comunal, Raúl Jorge. En una suerte de torneo, ambos grupos se tiran la pelota, procurando zafar o sacar algún rédito del escándalo. Y en torno a ellos, los perros ladran, tratando de tapar los ladridos del otro, imaginando posiblemente que con eso aparecerán ante la opinión pública como los dueños de la verdad. Mientras tanto, los ciudadanos seguimos conviviendo todos los días con miles de perros que muy posiblemente estén enfermos. Toda una ruleta rusa.
Según fuentes serias, la epidemia de rabia en la capital jujeña empezó a manifestarse en el año 2003 y no nació de un repollo. Para haber llegado adonde se llegó, mucha agua corrió bajo el puente. Antes y en el camino hasta llegar hoy, casi todos, por no decir todos los que hoy quieren sacarse el sayo, tuvieron alguna responsabilidad en lo que se hizo mal o no se hizo. Y si no fueron ellos, fueron sus partidos.
Que en Jujuy se mueran personas por rabia no es un hecho casual ni muchos menos intrascendente e inevitable. Está mostrando en toda su espantosa magnitud la claudicación del Estado provincial y municipal en una función esencial que es la obligación de proteger a la gente. Y no es suficiente con pensar que podría haber sido peor, como afirman algunos funcionarios del área de Salud.
Gabriel tenía derecho a vivir como cualquier niño y el dolor por su absurda pérdida no solo demanda respeto sino afrontar con seriedad las causas de la tragedia para asegurarse que no se repita nunca más.
*Periodista
Fuente: El Libertario.com
El presidente del bloque de diputados del Frente Primero Jujuy, Agustín Perassi, dijo que existe la posibilidad que el proyecto de ley sobre la lucha contra la rabia sea tratado sobre tablas en la 14º sesión ordinaria de la Cámara.




Las pantallas de TN y C5N se peleaban por el cartel de “vivo” reportendo a Massa. | Foto: Cedoc
Jujuy, 22 de Julio.- El supuesto caso de rabia humana detectada en la provincia de Jujuy en un niño de 8 años que fue mordido por un perro produjo una gran conmoción en la sociedad. El niño, llamado Gabriel, se encuentra en grave estado internado en el Hospital de Niños «Dr. Héctor Quintana». La madre del pequeño, Silvia Pachi, expuso algunas consideraciones en relación a la afectación de su hijo y también vinculadas a la atención que recibió Gabriel luego de ser mordido por el can: “Los médicos me dijeron que hasta que no se realice la autopsia no se van a determinar realmente las causales de lo que le ocurre a mi hijo”.
“Si ellos (los médicos) me hubieran indicado un tratamiento yo lo hubiera hecho. Sin embargo, al ver que no habían colocado nada, al día siguiente me dirijo a la salita del barrio (Centro Sanitario) comentándole esto a la gente de allí, les cuento que mi hijo había sido mordido y les cuento la situación, entonces en la salita le pusieron una antitetánica, pero yo no recibí ningún otro tipo de información del hospital que indique un tratamiento a seguir”.