De eso no se habla. Es la sensación que se percibe cuando se pregunta sobre la actualidad del “Caso Yutronich”. Negación que por otro lado se sustenta en los doce años de impunidad que giran en torno a este caso.
Impunidad que además trata de ocultar uno de los hechos más aberrantes que se registre en la criminología jujeña, como fue el doble asesinato de María Santesso de Yutronich y su hijo Walter Marcelo Yutronich, ocurrido el 24 de agosto de 1996.
De allí que el expediente de la causa, que desde un principio estuvo viciado de anormalidades, continua “sepultado de polvo” en los archivos del Juzgado de Instrucción Penal 2, a cargo ahora de Francisco Javier Aróstegui.
Ante semejante realidad, la sociedad de Jujuy se pregunta ¿por qué tanta desidia y falta de interés por parte de la Justicia?, si se trata de un hecho en el que una anciana y su hijo fueron asesinados luego de ser brutalmente torturados.
Como dicen “el que calla otorga”. Y como si el silencio fuera poco, los datos extraídos del expediente señalan que durante los años de ocurrido el hecho, no hubo y, al parecer. no habrá ningún detenido.
Como tampoco se sabrá qué es lo que se oculta detrás de este doble crimen, que según especialistas tendría connotaciones mafiosas, donde estarían involucrados conocidos políticos, funcionarios judiciales y homosexuales de la capital jujeña.
A estas hipótesis, que nadie ni siquiera la familia Yutronich salió a desmentir, se suma lo expresado por Juan Octavio Marcuzzi, quien en reiteradas ocasiones deslizó que los mismos policías que habían perpetrado el robo a su carnicería y ejecutaron a su hijo, serían los mismos que se “cargaron” a los Yutronich.
El hermetismo del dolor en aquel momento parecía tajante. Pero luego, para sorpresa de todos, se supo que en la Cámara Civil del Palacio de Tribunales se habían presentado familiares de María Santesso de Yutronich reclamando la correspondiente herencia.
De allí que existen varios interrogantes sobre lo que pasó realmente hace doce años, cuando cerca de las 20 la septuagenaria se aprestaba a cocinar una comida rápida para su hijo Walter Marcelo, quien iba a recibir la visita de amigos en su casa de Alvear 1145.
Según se supo, aquel día alguien allegado a la anciana habría entrado a la casa, mientras que otra hipótesis especulaba que esa misteriosa persona luego de entrar a la casa de los Yutronich habría permitido el ingreso de otras dos.
En cambio lo que si se supo fehacientemente es que al entrar al domicilio de las víctimas, estos sujetos maniataron a la septuagenaria, para luego someterla a una serie de torturas físicas, interrogándola sobre algo que evidentemente la víctima desconocía. Según los peritos, “una mujer de esa edad no aguanta la tortura que le propinaron”. Mientras la mujer padecía esos tormentos, llegó su hijo, quien al entrar al domicilio y encontrarse con semejante cuadro fue atrapado por los criminales y, posteriormente, torturado con la misma rudeza que su madre.
De acuerdo a los informes médicos realizados en aquella época, la señora de Yutronich fue torturada con intensidad durante toda la madrugada del domingo 25 de agosto de 1996, hasta que un sujeto con “mucha fuerza” le fracturó la columna cervical, produciendole un paro cardiorespiratorio.
Además y luego que se le practicara la autopsia a la anciana, que por ese entonces tenía 71 años, se precisó que también presentaba 15 puñaladas en todo su cuerpo.
También en aquel momento las investigaciones habían determinado que luego de matar a la anciana, los criminales sacaron del domicilio a Walter Marcelo Yutronich, de 30 años, “trepándolo” a un Fiat “Super Europa” de su propiedad.
Así fue que el domingo 25 de agosto un amigo de la familia intentó comunicarse con la casa de los Yutronich durante toda la mañana y como nadie le contestaba decidió llegarse hasta el domicilio de Alvear 1145.
Al sospechar que algo pasaba, el amigo de las víctimas llamó inmediatamente a un cerrajero, quien fue el encargado de abrir la puerta hacia el horror, porque al entrar este pudo ver a la anciana mujer totalmente masacrada. Inmediatamente el horrorizado hombre comunicó del hecho a la Seccional 1era, que dio participación al Juzgado de Instrucción en lo Penal 2, en aquella época a cargo del extinto juez, Oscar Máximo Aramayo.
El automóvil estaba a pocos metros de la Seccional 1era
Luego que se conociera que los Yutronich habían sido asesinados cruelmente, a las 17.30 del 30 de agosto de 1996 los efectivos de la Seccional 1era recibieron un llamado anónimo donde se les indicaba que el Fiat “Super Europa” estaba en calle Arenales casi Patricias Argentinas. Los peritos de Criminalística encontraron en el cenicero del auto “colillas” de cigarrillos marcadas con rouge.
El juez Aramayo confeccionó un expediente con 1600 fojas, en el que, según trascendidos, existirían dos identikits de los presuntos participantes en este hecho de sangre.
Después dispuso que con parte del dinero secuestrado en la casa de los Yutronich, dos funcionarios judiciales viajaran hacia Buenos Aires para realizar algunas pericias relacionadas con el caso, cuyos resultados nunca fueron revelados.
En tal sentido, algunos abogados del foro local opinaron en ese entonces que “la extracción del dinero para ese fin no correspondía, ya que es obligación del Estado investigar con sus propios recursos el delito que fuere.
Como todo caso policial inconcluso, en el crimen de los Yutronich se plantean diversos interrogantes, como si existió un video y, si existió, qué imágenes tenía. Además era eso lo que buscaban los criminales. Todo parece indicar que si, ya que no se robaron nada de la casa.
Fuente: El Tribuno de Jujuy